En los último meses, en medio del contexto de pandemia, tuve la oportunidad de meditar diferentes temas relacionados con la educación ambiental y las necesidades que esta presenta, en un contexto como Colombia con conflictos sobre la posesión de la tierra y su uso, pues la actual realidad de cambio climático, nos replantea la relación del hombre y la naturaleza, al igual que el modelo de explotación que hoy se impone, por lo cual intentaré a través de este escrito acercarme al problema que nos convoca, explicaré alguna ideas que he construido como docente, comunicador y activista ambiental.

Cuando normalmente hablamos de educación ambiental en escenarios públicos, nos damos cuenta que la comunidad y la institución en general, relaciona el concepto de educación ambiental, sino es en su mayoría con la escuela en general, lo hace con el área de biología, ignorando la responsabilidad del estado y la ciudadanía de manera práctica, es decir; que el conjunto de la sociedad colombiana aún no reconoce críticamente su territorio, dejando toda la responsabilidad a la escuela, asi pues debemos reconocer que como sociedad no hemos desarrollado la educación ambiental, suficiente para empoderar a la ciudadanía sobre nuestros recursos, ni tampoco tan importante para asumir la adaptación al cambio climático que hoy nos corresponde.

Teniendo en cuenta este escenario, donde por un lado debemos avanzar en la educación ambiental en la escuela, y a la vez en reconstruir la forma de educar ambientalmente a nuestra ciudadanía, podemos ver una ciudadanía desconectada de sus problemáticas reales, comunidades que carecen de la técnica para demostrar su razón, animales silvestres afectados por falta de estudios técnicos, discursos disfrazados de progreso que saquen los recursos sin que la comunidad lo sepa, incluso en discusiones del nivel nacional, como por ejemplo en Santander, en la problemática del páramo de Santurbán y a explotación minera de oro, que si bien existe una información general que conoce la gente, las implicaciones de fondo y los reales impactos ambientales son un secreto.

Dando cuenta de lo anterior, de esa necesidad contextual de mejorar las posibilidades en la escuela con la educación ambiental, de trabajar en acciones asertivas que permitan llegar a la ciudadanía y construir un pensamiento crítico ambiental, observé en los PRAES Prácticas Ambientales Escolares un espacio muy potente y subutilizado, qué es tan importante cómo los PEI Plan Institucional Educativo, y aunque está soportado en el decreto 1743 de 1994 y en la ley 1549 del 2012 para lo cual se establecen las PRAES, aún no despega en las escuelas del país, sólo algunos ejemplos de buen trabajo que cuenta con el ingenio de docentes y funcionarios de las corporaciones autónomas, no son suficientes para consolidar este importante proceso.

Las herramientas didácticas en educación ambiental, que podemos construir como sociedad civil y educadora, debe tener la sencillez para que lo entienda un niño como el Principito, el mismo personaje que recreó Antoine de Saint-Exupéry, pero que también generen reflexiones sobre la vida práctica ó de los seres sintientes de la naturaleza, en adultos como el aviador, o el hombre de negocios, que también no los describen en el maravilloso libro El Principito

En este sentido, pensar en las prácticas ambientales escolares, como el medio legal y administrativo para la educación ambiental, me invita a recalcar en la importancia de construir herramientas didácticas, que mejoren el aprendizaje significativo, así como no lo plantea Ausubel para los docentes y estudiantes en las escuelas, como también para los veedores, miembros de acueductos veredales y líderes ambientales en los territorios, que permita generar ideas y respuestas sobre el manejo de la ley ambiental, la composición biótica y social del territorio, el cambio climático, la protección animal, el cuidado del agua y el manejo de residuos sólidos.

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Bibliografía

  • Decreto 1743 de 1994 Colombia

  • Ley 1549 del 2012